Cómo gestionar las rabietas sin morir en el intento

Estrategias para sobrevivir a las rabietas

Hoy te traigo mi último artículo Cómo gestionar las rabietas sin morir en el intento publicado en El Periòdic. En esta ocasión hablo sobre las rabietas infantiles, uno de los temas estrella en la primera infancia. Puedes leer el artículo original en catalán aquí. Y a continuación te dejo la traducción al español:

 

Cómo gestionar las rabietas

Si eres madre o padre, seguramente habrás vivido una situación similar. Llevas un buen rato en el parque, después de recoger a tu hijo en la escuela infantil. Se está haciendo tarde y es hora de iros a casa. Le has dicho seis veces que baje del tobogán, pero ni caso, sigue corriendo y jugando. Respiras y te acercas con la idea de ya por fin iros. Intentas razonar con él de buenas maneras, darle la mano, cogerlo en brazos… mientras él va arriba y abajo sin que puedas atraparlo. Finalmente, lo consigues y en ese momento estalla echándose al suelo, gritando y llorando desconsolado, como si lo estuvieran matando. Notas las miradas y juicios de las otras familias, piensas “tierra quítame”. Al final te lo llevas como puedes, quizás incluso se te escapan algunos gritos y gestos más bruscos de lo que te gustaría admitir, bajo la amenaza de que ya no le llevarás nunca más al parque y “qué vergüenza, todo el mundo nos está mirando”. Vuelves a casa con la mandíbula presionada y con un sentimiento de rabia que te quema por dentro.
Y seguramente más tarde, cuando tu hijo ya duerme, te recorre un sentimiento de culpa por lo ocurrido.

¿Quién no ha presenciado una situación de este estilo y se ha preguntado cómo podría salirse airoso? Todos hemos vivido, en primera persona o como espectadores, aquel niño en el suelo del parque o del supermercado, que llora y grita desconsoladamente mientras sus padres, muertos de vergüenza, no saben cómo actuar.
Y es que si hay algo que preocupa a madres y padres son las temibles rabietas. En cuestión de minutos tu hijo puede pasar de la absoluta tranquilidad a lo contrario, generando desesperación e impotencia a sus progenitores.
Las rabietas son manifestaciones muy intensas de la rabia. Dicho de otro modo, es la frustración que un niño (o adulto) siente cuando lo que quiere no se cumple.
Son un fenómeno normal en el desarrollo infantil. Suelen surgir entre los 2 y 4 años, aunque hay niños que pueden empezar antes y también pueden prolongarse hasta los cinco años aproximadamente, en función de las circunstancias que rodean al niño. De hecho, hay adultos que siguen teniendo rabietas, quizás conoces alguno.

Los más pequeños estallan en rabia cuando no consiguen lo que quieren o cuando no tienen cubierta alguna necesidad (tienen mucha hambre, están cansados, ganas de moverse y jugar…).

Cualquier evento, por insignificante que te parezca, puede desencadenar en una rabieta: se le rompe una galleta, no le das lo que quiere porque es peligroso… Como todavía no saben expresar de manera adecuada sus emociones ni controlar sus impulsos, terminan explotando. Por eso es importante que seamos conscientes de que detrás de una pataleta siempre hay una emoción no resuelta, una llamada de auxilio, una expresión inadecuada por falta de madurez y experiencia.

De la misma forma que no esperamos que un bebé de tres meses sea capaz de andar, tampoco podemos pretender que un niño durante sus primeros años de vida sea capaz de gestionar sus emociones con serenidad. Su cerebro no está aún preparado para autocontrolarse y hacer frente a la frustración. Así que no nos tomemos su conducta de forma personal ni pensemos que lo hace para fastidiarnos.

El hecho de que las rabietas formen parte del desarrollo de un niño, no significa que tengamos que pasarlas por alto. Las rabietas tienden a desaparecer a medida que los niños van desarrollando habilidades más complejas. El modelo que les damos sus adultos de referencia es muy importante, ya que los niños aprenden de nuestro ejemplo.

Ante una rabieta, lo que necesitan los niños es calma y comprensión. El objetivo no es evitar de cualquier forma el enfado ni hacer que la pataleta acabe lo antes posible, sino acompañar al niño de manera positiva.

Evitemos, por tanto, los gritos, las amenazas, los castigos y la violencia física. Tampoco lo ignoremos pretendiendo que el niño se calme solo, ni optemos por chantajear emocional.

Lo que sí podemos hacer es gestionar estos episodios de una forma respetuosa y consciente:

  • Hay situaciones que pueden evitarse. Si sabes que al pasar por delante de la juguetería puede desencadenar en una rabieta, procura tomar un camino alternativo
  • Anticípate: “Es hora de irse. Puedes bajar tres veces por el tobogán y nos vamos
  • Busca su colaboración: “Ahora vamos al supermercado. ¿Me ayudas a poner en el carrito las cosas que tenemos en la lista de la compra?”
  • Puedes ofrecerle un par de opciones: “Hoy para merendar tienes fruta. ¿Prefieres una manzana o un plátano?
  • Hay situaciones en las que no podemos ceder, pero sí que podemos validar la emoción y mantener la firmeza con la amabilidad. Por ejemplo, no podemos quedarnos infinitamente en el parque ni comprarle todo lo que nos pide en el supermercado. “Sé que lo estás pasando muy bien en el parque, y ahora es hora de ir a casa”
  • Si finalmente llega la pataleta, procuremos mantenernos serenos y controlar la situación sin subir el tono de voz ni imponernos por la fuerza

Piensa en cómo te gustaría que te trataran a ti cuando tienes un mal día. Sé que no es fácil, pero la próxima vez que tu hijo estalle en una rabieta, respira. Es una fase, esto también va pasará. Y si hoy pierdes la paciencia, recuerda que mañana tienes una nueva oportunidad para intentarlo.

“Quiéreme cuando menos me lo merezca, porque será cuando más lo necesite”.

Robert Louis Stevenson

Cómo gestionar las rabietas sin morir en el intento

 

Te dejo a continuación un par de entradas relacionadas con disciplina positiva, por si te interesa seguir leyendo sobre este tema:

2023-02-03T10:41:10+01:00

Comparte este post en tu red social favorita

Deja tu comentario

Ir a Arriba