Es fácil confundir la crianza respetuosa con la crianza permisiva. Pero no tienen nada que ver.

La crianza respetuosa no es una moda. No es dejar que los niños hagan lo que quieran ni tampoco es sinónimo de sobreprotección.

La crianza respetuosa es tratar a los niños con el mismo respeto, empatía y dignidad que tratamos (o deberíamos tratar) a los adultos.

Cada vez tenemos más claro que TODAS las personas merecen ser tratadas con respeto, independientemente de sus creencias, color de piel, vengan de donde vengan y hablen el idioma que hablen. Entendemos que cada uno de nosotros tiene sus propias vivencias y opiniones, que no todos piensan y actúan como nosotros y esto nos lleva a hacer un esfuerzo para comprendernos y convivir de la mejor manera posible.

Sin embargo, cuando hablamos de niños, la cosa cambia. Nos olvidamos de que ellos también son personas. Más pequeños, con menos experiencia y con unas características concretas, pero también personas. Personas que también merecen ser tratadas con respeto en todo momento.

Educar no debería ser sinónimo de chillar, castigar, ridiculizar, chantajear, manipular, amenazar, pegar ni intentar quedar por encima de ellos. Se puede educar desde el respeto, con firmeza y cariño a la vez, validando sus emociones en vez de negarlas; conectando antes de corregirlos; poniendo los límites necesarios, pero también dándoles su pequeña parcela de poder. Es infinitamente más efectivo, aunque también más cansado y difícil, pues supone un gran trabajo personal.

  • La crianza respetuosa NO es dejar que los niños y niñas hagan lo que quieran. Esto se llama permisividad.
  • La crianza respetuosa NO es imponer normas de manera vertical usando la violencia física o psicológica: amenazas, chantajes, castigos, humillaciones… Esto se llama autoritarismo.
  • La crianza respetuosa propone límites claros con respeto y sentido común, adaptados al momento madurativo de los niños y niñas. Se ofrecen opciones limitadas para fomentar la autonomía y toma de decisiones.
  • La crianza respetuosa ve el error como oportunidad de aprendizaje. Ante el error se buscan soluciones en vez de culpables, dejando experimentar las consecuencias naturales.